martes, 7 de junio de 2016

Midnight thoughts...

Tal vez soy una persona demasiado observadora metida en un mundo que no se fija en nada, en un mundo demasiado egoísta que no tiene la capacidad de ver más allá de su propia nariz. Y voy flotando como una pieza de rompecabezas perdida, que no encaja en ningún lado y que aunque la fuercen a embonar a golpes en un espacio que no es para ella, siempre estará mal puesta en el hueco incorrecto.

Me enamoro estúpidamente de gestos tan tontos, tan efímeros, tan volátiles. Un guiño que para él no significa nada, la idea de una mano recorriéndome de la cintura hacia la espalda, unos ojos color chocolate que no existen, que no me miran, que siempre miran a alguien más, el roce de una mano que envía escalofríos sólo a mi, que le importa sólo a mi, del que sólo yo me doy cuenta. Tal vez mi problema es que siempre estoy intentando meterme en una historia de amor, de esas que sólo se encuentran en los libros, que son inventadas por un alma tan romántica y miedosa como la mía misma, una historia que vive sólo en la mente de los poetas, de los locos, de los soñadores pero que nadie se atreve a hacer realidad por miedo o por cinismo. Y me pregunto si algún día me toparé frente a frente con uno de esos soñadores, con uno de esos románticos que no tenga miedo de hacer su imaginación realidad.

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