miércoles, 24 de diciembre de 2014

¡Feliz 20 de junio!

Ya llegamos a la recta final del año, donde todo el mundo se pone sentimental y va regalando abrazos a diestra y siniestra. ¿Yo? Yo soy cursi por naturaleza así que seguro que ya se lo esperaban.

En este mundo, hay toda clase de personas: personas a las que les encanta la Navidad (y van regalando dulcesitos y abrazos), otras que sólo quieren dormir porque su trabajo es muy exigente y aprovechan este tiempo libre para hibernar cual osos (¿Quién inventó esto de que los humanos no podemos hibernar? ¬¬), y por último, los que piensan que Navidad es sólo un tiempo para engordar, consumir y hacer ricos a los que ya son ricos (de riqueza, no de ricura, esa es otra cosa, muchachos, por Dios). Aquí, hay para todos (y me refiero a la nota, no a mi... bueno, a mi también pero no se excedan que me desgasto).

Pensemos que no es Navidad, porque los golpes de la vida (drama queen mode: ON) nos han enseñado que a lo mejor hoy te veo pero mañana ya no, suspendamos la realidad un poquito y digamos que hoy es un día como cualquier otro, digamos... 20 de junio. Y hoy, 20 de junio, quiero decirles a todos que los quiero, que son importantes para mi, que les deseo que todos sus sueños se cumplan, que muchas cosas buenas les lleguen, que aprendan todo lo que tengan que aprender, que sean felices y que la pasen bonito, que siempre estén rodeados por gente que les sume, no que les reste, por gente que los enseñe a ser lo mejor que puedan ser, que los apoye siempre, que estén con ustedes en las buenas, en las malas, en las mejores y en las peores porque se lo merecen, porque a veces, ser persona en este mundo es muy difícil y todos deberíamos tener amigos, familiares, conocidos que nos hagan esto de ser persona más fácil, más lindo y más llevadero.

Siempre hay cosas malas, pero por hoy: 20 de junio (por si ya se les había olvidado) enfóquense en las cosas buenas, sonrían, celebren, ríanse, disfruten, hagan tonterías (de esas que hacen al mundo mejor porque ya los veo tomando mal mi consejo y prendiéndole fuego a algo/alguien) (los estoy vigilando, gente ¬¬), diviértanse y quieran mucho a los que quieren. Que al final, un regalo no es regalo si no va acompañado de un buen abrazo y el 90% de las veces, el abrazo es lo que hace la diferencia, así que abracen a todos los que quieran y háganle el día feliz a alguien (ya parezco comercial de Coca Cola ...¿Dónde están mis regalías? ¬¬...) con su mera presencia, con una sonrisa, con un regalo si quieren, o simplemente diciéndoles los importantes que los consideran porque esa es la parte importante. Y ya que hoy no es un día especial, háganlo constantemente, que el mundo está para que se sumen cosas bonitas, para que la gente lo haga feliz, para que todo se llene de paz y de luz. Que no importe la fecha para demostrarle a las personas que tienen cerca que son importantes en su vida.

Ustedes (porque sé que los verdaderamente importantes son los únicos que están dispuestos a leerme por completo) son la gente que me suma y tienen un cachito de corazón por siempre y para siempre, son los que hacen mis días felices y los que simplemente con verlos, me alegran la existencia porque están ahí. Los quiero mucho, mucho, mucho.

¡Feliz 20 de Junio!

martes, 16 de diciembre de 2014

De amores y otras cosas...

Llevo yo 30 años estampándome en diversas paredes de diversas magnitudes y de diferentes materiales, tropezándome con la misma piedra (porque a lo mejor ya me encariñé con ella), resbalándome de variadas formas, a veces alcanzando a detenerme antes de azotar, otras veces deslizándome no tan graciosamente antes de frenarme de golpe (acompañada de un escándalo impresionante) contra otra de esas paredes que ya mencioné en un inicio.

Tal vez lo que pasa es que no acabo de entender ese oscuro tema de las relaciones interpersonales, hay demasiados huecos, lagunas mentales, hoyos negros y agujeros de gusano en mis conocimientos, y cada vez que la respuesta a mis preguntas parece asomarse a la luz, viene en forma de otra pregunta mucho mas complicada que todas las anteriores. Hay hechos que desbancan por completo las teorías que con esfuerzo voy trazando, hay otras preguntas que flotan por debajo de la membrana de mis dudas generales y no hay a quién preguntarle. O tal vez sí hay a quién preguntarle pero cada quién tiene su propia teoría al respecto, y cuando la comparten conmigo, termino con más dudas (si eso es posible), más preguntas y cada vez menos información.

Quizás el problema es que es un tema del que varios presumen saber mucho pero lo cierto es que no saben nada, o saben un poco pero la información que tienen es ambigua y sospechosa. A veces suena un poco a un culto que cada quién tiene y que intenta que más gente se una a él. Y miren que cada quién va pregonando su teoría y actuando en consecuencia a ella chocando y golpeando en el intento a todos los demás con los que se relaciona y que no comparten la misma ideología.

Yo, por mi parte, voy perdida, sin mapa, como turista sin dinero, atascada en otro continente y víctima de un reciente robo (así de vulnerable me siento en el tema), lanzándome de cabeza en cualquier agujero de gusano que se interponga en mi camino para ver si en una de esas puedo arrojar luz sobre el tema. Se me olvida que los agujeros de gusano son oscuros.

He sacado un par de conclusiones: En esta sociedad que valora más cómo te ves que lo que piensas (porque no nos hagamos tontos, si que lo hacemos) y cómo te vistes más que lo que sientes, si no tienes un poco de gracia natural (o no sabes cómo explotar lo que tienes y has perdido el manual de instrucciones) vas a pasarla muy mal. Alguien (que todavía no decido si está mejor, igual o peor que yo en el tema) me dijo que si no tenías gracia natural, tenías que compensarlo con otra cosa (igualmente superficial, si te pones a pensarlo), como dinero, o humor, o nobleza, o algo que te haga ser más que los demás, lo que quiere decir que entonces la gente que te quiere, te quiere por lo que les puedes ofrecer, por las necesidades (de ellos) que puedes satisfacer, lo que nos lleva a pensar en que la gente entonces no te quiere por lo que eres.

Pero, ¿Quién eres en realidad? Al final, supongo que eres una suma de cómo te ves, el dinero que tengas, los chistes que cuentas y tus propias habilidades (que obviamente satisfagan a la gente a tu alrededor, vamos, que a nadie le importa si puedes mover los huesos de las rodillas cuando no estás moviéndote). Y entonces, me doy cuenta de que el hecho de leer un montón de libros, pensar filosóficamente en tonterías que a nadie le importan, tener bonita letra y/o buena ortografía no son habilidades que te den un extra (Well… crap).

Luego resulta que para tener un enamoramiento exitoso (no uno de esos que sólo sientes tu y que te hacen dibujar corazoncitos en las esquinas de los cuadernos hasta que te rompen el corazón), tiene que coincidir lo que yo necesito con lo que la otra persona necesita y lo que yo necesito nunca parece coincidir con lo que el otro necesita y me queda la duda de si debería cambiar mis necesidades o si de plano lo que sucede es que tengo el radar descompuesto porque siempre me enamoro o me fijo en chicos que nunca se van a fijar en mi porque necesitan a alguien diferente (o mejor que yo). A todo esto, y siendo el amor algo tan complicado, ¿cómo es que hay tantas personas que parecen dominar el tema a la perfección?.

En esta sociedad liberal, también entra entonces el “sexo sin compromiso” en el que te embarcas en otra serie de complicaciones, porque todo está muy bien y todo es diversión hasta que alguien se enamora.

“Es que dejamos todo bien claro desde el principio”, “Sólo nos la estábamos pasando bien pero ella se está volviendo demasiado dependiente”, “No estoy listo para una relación formal”, “No eres lo que estoy buscando”, “Tal vez al cruzar la línea comprometimos un poco las cosas”, “Te valoro mucho como amiga y no quiero perderte”

¿¡Qué demonios?! Entonces déjenme dejarlo claro, para todos aquellos que hayan utilizado alguna de estas frases, el sexo no es absolutamente nada más que un mero intercambio de fluidos, no se dan cuenta de que en un nivel un poquito más profundo, cada vez que lo hacen, están mostrándose vulnerables ante la otra persona. Desnudos. Arriesgándose a que se burlen de ti o mínimo a que en el momento menos pensado, te den una patada en tus partes nobles, te escupan un ojo y te dejen tirado habiéndote robado tu dinero (¡Ahá! No lo habían pensado, ¿verdad?).

Ya lo sé. Estoy escuchándome como un total vejestorio porque ahora “todo el mundo lo hace” Pues… me da mucho gusto. Luego vas de boca en boca apodada “puta” (que ni es cierto, porque ellas mínimo cobran) o “fácil”, pues si todo el mundo lo hace en estos tiempos, entonces el mundo está lleno de “fáciles” sin remedio.

Yo creo, que hemos rebajado al sexo hasta un nivel meramente físico y superficial (y sobrevalorado, creo yo), un montón de caricias torpes y empujones, una gimnasia brutal que te lleva a un temblor interno que te dura unos cuantos minutos (pero que puedes repetir cuantas veces quieras porque aunque tu pareja/ligue de una noche/mujer que acepta tus propuestas indecorosa se vuelva “dependiente” siempre habrá otra “fácil” con quién darte un acostón). Satisfacción instantánea, hedonismo puro y duro “sin compromiso”.

Trayendo al caso la frase de “el que se enoja, pierde”, aquí “el que se enamora, pierde”. Te queda la duda (o al menos a mi) de si en la mente del que propone el asunto quedarás peor si aceptas y te vuelves “fácil” o si te niegas y acabas como una “apretada educada a la antigua”. Porque… “habíamos dejado todo bien claro desde el principio”.

Una vez alguien MUY querido me dio un consejo “Nada mas no te enamores, plisito” y yo le dije “Obvio no” pero me quedó la duda existencial. Con perdón de la grosería: ¡ah cabrón!, ¿Y eso cómo lo hago? Por favor no vayan a decirme que eso lo puedo controlar porque yo creo que si perdí mi propio manual de instrucciones. ¿Habrá ya a la venta una especie de cadena/seguro/freno de mano que le pones al corazón en un vano intento por ser un “fácil” perfecto? Y en fin, que para colmo de males, te enamoras, y acabas siendo la mala del cuento porque sientes demasiado. ¡Pfffff! Disculpen, ¿en qué momento del progreso mundial “sentir demasiado” se volvió algo malo?, ¿Porqué los que “sienten mucho” son los que están equivocados?, ¿Los que son tontos?, ¿Porqué se supone que nosostros somos los que tenemos el corazón débil?, ¿Los ingenuos?, ¿Porqué estamos descompuestos?, ¿Quién inventó esto? (Permítanme. Darle. Una. Patada. En. La. Cara).

Suspendamos la realidad por unos segundos y digamos que acepto que tengo un corazón idiota, y entonces cuando me proponen una relación de esas, y conociendo que podría acabar embarrada en una pared, completamente enamorada del otro sujeto que al parecer tiene un freno de mano emocional y es perfectamente capaz de no enamorarse de ti porque “no eres lo que está buscando”, mejor de verdad intento poner las cosas bien en claro.

“¿Podemos hablar de eso?”

Claro que como este tipo de cosas por definición tendría que ser sólo sexo sin compromiso ni complicaciones, no se puede hablar de ello. Porque hablar de ello implica un nivel de compromiso y el freno de mano emocional detecta este tipo de actitudes e inmediatamente hacen al dueño huir despavoridamente ante el atisbo de que la “fácil” no es tan “fácil” porque quiere hablar de ello. ¿Qué es lo que les da miedo? Porque claramente el hecho de que quieran una relación sin ningún tipo de compromiso indica que tienen miedo a algo.

¿A poner sus sentimientos en palabras? O es que no saben cómo ponerlos en palabras, o será que tienen miedo de sentir porque hace mucho sintieron algo y los batearon, o se burlarlon de ellos, y entonces han decidido clausurar su corazón. Pero entonces alguien que me diga quién es el débil aquí… ¿el que aún se arriesga a ser lastimado teniendo una mínima esperanza de que el lazo que pueda sentir para con una persona sea mutuo?, ¿o el que ha decidido buscar sólo sexo sin complicaciones porque prefieren sentir un temblor que dura unos minutos en lugar de un terremoto que les tire hasta los cimientos?. Y en el menor atisbo que sienten de que alguien puede “sentir demasiado” los botan como si no tuvieran ningún valor. ¿¡Desde cuándo la gente tiene que pedir perdón y sentirse mal por quererte?! ¿Desde cuándo tener un corazón que siente te deja en la categoría de basura dependiente a la que puedes relegar al olvido (y de paso, a la que le puedes ignorar los mensajes)?, ¡Se están preocupando por ti!, ¡Te quieren! ¿Es acaso eso TAN malo? ¿Es algo de verdad de lo cuál deberíamos huir despavoridos como si te estuviera persiguiendo un leproso? Lo que me lleva a pensar que tal vez, lo que les da miedo es “sentir” porque eso les quita el control.

Tal vez si, estoy dispuesta a aceptarlo, una vez restaurada la realidad, confieso que mi corazón es un poco tonto e ingenuo. Es uno de esos que va por la vida queriendo a la gente (aunque a veces no lo demuestre demasiado) aunque no se lo merezca y por un pequeño, mínimo esfuerzo que hacen, soy de esas que creen que detrás de una mala persona hay un montón de cosas malas que le han sucedido y traumas que ha tenido que sobrellevar como mejor pueda (tal vez por eso soy adicta a las historias, me obsesiona saber porqué la gente es como es). Uno de esos que aun sintiendo que puede salir lastimado, se arriesga y se lanza de cabeza a quién sabe dónde para ver si en una de esas si que lo quieren de regreso, y está lastimado, roto, le faltan pedazos que he ido regalando a diferentes personas, a veces tiene miedo pero aun así siempre está dispuesto a volverse a lanzar.

Discúlpenme por “sentir demasiado”. Discúlpenme por ser la mujer molesta que se apega, que te quiere, que te acribilla a preguntas, o a mensajes, o a regalitos. Perdón por quererlos un poquito. Tal vez un día de estos encuentre al sujeto que debe estar haciéndose rico con estos frenos de mano emocionales y le pueda comprar uno para mi.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Magnolia Velvet ♥

 ♥ Nombre del Personaje ♥
Magnolia Velvet
♥ Edad ♥
21
♥ Especie ♥
Humano
♥ Tipo y Nivel Social ♥
Cortesana / Nivel Social Bajo
♥ Lugar de Origen ♥
Viena, Austria


♥ Descripción Fisica ♥

Si me ves de cerca, aparento tener más edad de la que tengo, aunque eso es por el maquillaje que siempre llevo encima, Siempre me pinto los ojos de negro, me delineo perfectamente y me pinto las pestañas que ya de por si son bastante largas remarcando mejor el color gris verdoso de mis ojos. Tengo la piel rosada aunque un poco pálida por los polvos que me pongo también. Mis labios son gruesos, bien formados, rosados y besables. Aplícales un poco de carmín y tienes a los hombres rendidos a tus pies con sólo deslizar tu lengua por el labio superior. Llevo el cabello rubio, sin raíces y ondulado aunque para peinarme, generalmente lo estiro perfectamente para dejar mis rasgos delicados a la vista. Siempre mantengo todos los aspectos de mi imagen perfectamente cuidados. Si me ves de lejos, y como soy delgada y bajita, podrías pensar incluso que soy más chica de lo que soy, pero eso es sólo mientras te acercas, porque conforme vas caminando para encontrarte conmigo empiezas a vislumbrar las formas femeninas que llegaron a su máximo esplendor hace ya un tiempo cuando tuve mi primer periodo. No estoy hablando de curvas exageradas, que se bambolean o se derraman por encima del corset, tampoco hablo de nimiedades que no llegues a ver. No debería de pecar de vanidosa y engreída pero lo haré: Soy perfecta de pies a cabeza.

♥ Descripción Psicologica ♥

Hay dos cosas que me enseñó mi tutora en las artes cortesanas:

1. Las cortesanas no tienen edad.
La primera la cumplo con todas las de la ley como lo han visto seguramente en mi descripción física. En realidad si te fijas intensamente, terminarás confundido y no podrás saber si estás tratando con una niña inmadura o con una mujer experimentada. Puedo jugar el papel de cualquiera de las dos, la niña inocente que no tiene idea de la vida, riéndome sencillamente y admirando las cosas pequeñas de la vida que ocurren a mi alrededor, o la mujer con experiencia que incluso podría enseñarte unas cuantas cosas.

2. Tampoco tienen mal humor.
Fría, callada, vulnerable, agresiva, modesta o engreída, no sólo soy una cortesana sino también una brillante actriz. Dicen que viene con el empleo. Puedo sonreír aun cuando tenga destrozada el alma y el corazón hecho trizas, puedo llorar aunque esté radiante de felicidad y puedo mantenerme seria y callada aun cuando por dentro tenga ganas de gritar a los cuatro vientos que quiero salir corriendo de ahí.

Cuando no estoy con los clientes es otra cosa totalmente diferente, cuando socializo con hombres soy coqueta, escurridiza y tentadora. Hay que ganarse el pan de alguna o de otra manera. Me río discretamente cubriéndome elegantemente la boca con mis manos enguantadas siempre de negro. Juego con mi cabello y camino sensualmente para atraer las miradas y cautivar las mentes de mis posibles clientes. Cuando socializo con mujeres suelo ser callada, y rayo en lo borde. Contesto de mala gana a menos que te hayas ganado una parte de mi corazón y siempre tengo respuestas para todo. Miro por encima del hombro a todas aquellas que se crucen conmigo aun cuando sean más altas que yo.

Pero claro, si me ves más de cerca. Si acabas de traspasar las capas de ropa ajustada, la lencería de encaje, los volantes, el maquillaje y el aroma a canela que desprende mi piel llegarás a ver la verdadera Magnolia que yace debajo de todo eso. A la verdadera Olivia Von Habsburg que yace detrás de todo lo que la vida le ha echado encima: Una chica dulce, tímida, callada, intelectual, bastante astuta y escurridiza aunque más para salvar el pellejo que para hacer cosas y salirse con la suya. Juguetona y sencilla, infantil y adorable, adicta a las cosas dulces y a las risas de los niños, afligida por la gente que le preocupe y acostumbrada a esta vida que lleva.

Soy dos almas en un mismo cuerpo.


Nacida en Viena, Austria hace 21 años. Un día lluvioso de septiembre. Las gotas de lluvia golpeaban los cristales de la mansión del Conde de Württemberg mientras él se paseaba por el pasillo de las habitaciones esperando alguna noticia con una copa de brandy en la mano. Llevaba ya tres horas fuera de la habitación, escuchando los gritos de su mujer que estaba dando a luz a su primer hijo. Nadie de la familia lo había podido acompañar porque los caminos estaban enlodados e imposibles, habrían tardado horas en traer a la partera de no haber sido porque la cocinera sabía de esos artes. Se dejó caer en una butaca por enésima vez hasta que uniéndose al grito despavorido de su mujer, se escuchó un llanto de bebé. Se le iluminó el semblante porque eso quería decir que estaba bien, que su hijo había salido bien. Después más gritos. Eso ya no era normal. Definitivamente no era normal. Un montón de gritos y unos minutos después, el llanto del bebé. Dos llantos de bebé. ¿Dos? ¿Y porqué ya no se escuchaban los gritos de su esposa? Una hora después tenía en las manos una serie de noticias con las que no sabía qué hacer exactamente. La primera, su primogénito no era un primogénito sino una primogénita. La segunda, que tenía dos primogénitas. Gemelas. La tercera, que su esposa había quedado tan lastimada que no podría tener más bebés.

A partir de ahí, el conde se fue abajo. Aunque la niñez de Olivia y Emilia Von Habsburg fue normal porque su madre se empeñó en que así lo fuera. Mientras su padre se embriagaba día y noche, fumaba como chimenea, se acostaba con cualquier mujer que se le atravesara y apostaba hasta el último de los muebles que poseía, ellas estuvieron con su abuelo materno aprendiendo cosas. Música, literatura, historia, política, economía, matemáticas, gramática, modales, lenguajes, dirigir una casa, entre muchas otras cosas que les servirían en adelante. O al menos eso creían.

A la tierna edad de 10 años, el conde estaba tan endeudado y tan fuera de sí que la condesa enfermó de angustia y poco a poco se fue muriendo. Las niñas estuvieron presentes todo el tiempo. Las dedas seguían creciendo, el conde pedía préstamos que no podía pagar y acabaron por molestar a los usureros haciendo que clamaran venganza. La noche de un 17 de septiembre, justo después de cumplir los 11 años, las gemelas yacían en sus camas mientras su padre estaba fuera. Ya hacía mucho tiempo que se habían acostumbrado a estar sólo con los sirvientes. Emilia dormía profundamente mientras que Olivia daba vueltas sin conciliar el sueño así que decidió bajar las escaleras descalza y en su camisón blanco hasta la cocina donde pudiera robarse unas cuantas galletas.

Después todo sucedió muy rápido. Gritos, caballos desbocados, cristales rotos y ella escondida debajo de la gran mesa de madera temblando de miedo. Se quedó ahí mientras la gente que gritaba de afuera se deshacía en insultos hacia el conde, su madre, su esposa y su progenie. Se acurrucó hasta que dejó de escuchar ruidos y de pronto se desató el terror. La cocinera entró corriendo gritando que había fuego y ella sintió que se paralizaba totalmente. Un pinchazo en el centro de su pecho se extendió haciendo que el dolor no sólo fuera emocional sino físico también queriendo ir a buscar a Emilia que estaba dormida. Gritó, pataleó, golpeó a los sirvientes que la sacaban de la casa que ardía en llamas y no la dejaban entrar por su hermana a rescatarla. Ni siquiera sabía si se había despertado. Se cubrió los oídos por si a Emilia le daba por gritar. Olivia no quería escucharla gritar. No quería escucharla morir. No quería estar ahí.

El tiempo pasó lentamente después de eso, aunque para Olivia fue más que nada un borrón de acontecimientos entremezclados. Gente rebuscando en las cenizas, la voz de la cocinera en su oído susurrando palabras de consuelo, la noticia de que a su padre lo habían asesinado y el dolor sordo de saber que su hermana se había ido para siempre y que no volvería a verla jamás. Encontraron varias cosas, entre ellas, unos cuantos libros que habían sobrevivido al incendio por haber estado en la caja fuerte de la casa, un medallón con fotografías y poco más. Todo lo que quedó de valor, lo vendieron para poder tener algo con qué sobrevivir y los sirvientes pronto empezaron a buscar alguna casa que los aceptara. La única que estaba sola era ella. Olivia Von Habsburg estaba sola en el mundo. Se quedó mucho tiempo sentada en una piedra frente a la casa, cuando hasta la cocinera ya se había ido a buscar trabajo y pese a que la quería llevar con ella, Olivia se negó rotundamente. Nunca supo cuántos días pasaron antes de que alguien pusiera su mano callosa sobre su hombro. Tal vez uno, tal vez cinco, tal vez un mes. Sólo sabía que estaba calada hasta los huesos por la lluvia de septiembre y que le dolía el corazón. La mano callosa era la de su abuelo.Todos pudieran pensar que esto fue la salvación para ella pero no fue así. Su abuelo había recibido una amenaza para que pagara las deudas de su yerno y al no tener dinero, tuvo que vender la posesión más preciada que quedaba del Conde de Württemberg: Olivia Von Habsburg.

Y así es que Olivia Von Habsburg de la mano de Lady Corella Valmorain, dueña del mejor burdel de Viena, se convirtió en Magnolia Velvet dejando atrás todo un pasado de riquezas, alegrías y sobretodo, olvidando el peor dolor que le habían causado a esa tierna edad. Así es como la chiquilla que correteaba por los jardines junto a su hermana empieza a ganarse la vida, primero como asistente de Lady Corella y después, cuando fue aprendiendo el oficio, como la atracción principal del Strawberry Fields, favorita de hombres y de jóvenes, pedida a veces sólo para conversar pues sus ocurrencias eras las de una niña sin ningún tipo de vicio. Así es como Magnolia Velvet se vuelve la cortesana más requerida en todo Austria. Viajando y cobrando y sobretodo, satisfaciendo a sus clientes.


♥ Mi mayor tesoro son los libros que se salvaron del incendio en Viena.
♥ Sé tocar el violín como una verdadera experta.
♥ Siempre llevo un guardapelo de plata colgado al cuello. Dentro de éste, hay dos fotografías: La de mis padres y la de mi hermana gemela que murió.
♥ Si quieres ganarme, regálame una esmeralda. Tengo muchas en una bolsita de terciopelo.
♥ La única bebida alcohólica que bebo es licor de cerezas.
♥ Me encantan los días nublados y detesto los soleados.
♥ Sé hablar inglés, español, francés, italiano y alemán.
♥ Llevo un diario que siempre cargo conmigo y que nadie nunca ha leído. Ni leerá.
♥ En el fondo, soy una romántica empedernida.

Nota al pie.

Ninguna mujer, bajo ninguna circunstancia, debería ser con la que se acuestan solamente porque "no están preparados para una relación formal" para luego ser dejada cuando aparece con la que casualmente si pueden tener una relación. Ninguna. Bajo ninguna circunstancia. ¿Quién demonios es dueño de la pluma que escribe los parámetros bajo los cuales se deciden si pueden o no pueden tener una relación contigo? Permítanme patearle la cara, por favor.